Un sábado cualquiera de abril, o de mayo, de 1991 hubo en Los Alcázares un partido de baloncesto de juveniles. Se enfrentaban dos equipos tan desiguales que el enfrentamiento no tenía sentido. La mejor generación de jugadores que ha tenido la cantera del CB Murcia visitaba el, entonces no tan viejo, pabellón de Los Alcázares. El base reserva del Murcia era más alto que nuestro pívot titular.
Los chavales del equipo de juveniles de Los Alcázares habían alcanzado la máxima división a su alcance y se enfrentaban al partido de su vida. Orgullosos, recorrieron el pueblo entero para llenar el pabellón de ALCAZAREÑOS.
El entrenador (este entrenador), el ayuntamiento (nuestro ayuntamiento) y todo alcazareño que pudo, remaron para que el pueblo tuviera algo más que celebrar. Con la ayuda de todos se consiguió estrenar un marcador electrónico.
Vino tanto público que no consiguieron entrar todos. Responsable y orgulloso el EQUIPO de Los Alcázares saltó a la pista tan seguro de sí mismo que pudo pelear ese partido, hacerlo vibrante y equilibrado. A los diez minutos de primer tiempo (entonces no había cuartos) el partido seguía empatado.
Luego se impuso la lógica, pero eso no empaña el recuerdo de los que estuvimos esa tarde en el viejo pabellón. Hubo muchas más grandes tardes de baloncesto en los Alcázares aquel año. De hecho todos los demás partidos fueron victorias. Fueron años de baloncesto, que significa: años de formación en valores, compañerismo y TRABAJO EN EQUIPO.